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Mi amigo Ángel tiene una Harley Davidson. No me preguntéis qué modelo.
La tiene guardada en el garaje, porque a su esposa, más con los pies en la tierra que él, le da miedo que la conduzca.
Así que, para venir al trabajo, agarra la bici, que es muy sano (es muy sano él; es muy sano agarrar la bici...)
Mi amigo Ángel, por tanto y casi contra su voluntad, la va a poner en venta (no a su esposa, a la Harley).
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De hecho, ya ayer, le hablaba a otro compañero de sus virtudes y excelencias. Entre ellas, el sonido del motor.
Yo ya había oído algo acerca del sonido patentado de estas motocicletas. Rastreé información en el buscador nuestro de cada día y así era.
Me acordé también de lo del famoso grito de Tarzán, que no fue posible patentar al no ser posible su transcripción a notas musicales (entre otras razones). Se ha elucubrado hasta la saciedad con su composición: gritos tiroleses más un tenor más un perro, hiena o camello (!!??) más un violín y a saber qué más...
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Así mismo, encontré algo sobre el sonido patentado de los famosos órganos Hammond, cuyo apogeo tuvo lugar entre los 60 y los 70.
Y ya comencé a preguntarme:
¿Estarán patentados algunos otros sonidos, ruidos, gritos y voces "históricos"?
A saber: el de algunas tenistas (y tenistos) famosos. Recuerdo el gritito de mala leche y casta de Arancha Sánchez Vicario y recuerdo su adminículo portapelotitas adosado sobre su musculado trasero (¿lo patentaría? El adminículo, no el trasero...)
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Pero la palma se la lleva el grito eslavo y casi orgásmico de la escultural Sharapova. Es el que más excita, con diferencia: por su timbre y, sobre todo, por imaginarte de qué profundas cavidades rubiorosadas surgió.
Ya hablé hace mucho de la voz del Gran Cronopio, que fue usada sacrílegamente y no sé con qué permiso en un anuncio de coches.
La voz chillona y humorísticamente cadenciosa y retrancada de Gracita Morales (señoritttoo...) y del José Luis López Vázquez más comicoide.
Las voces, ya más serias, de Constantino Romero (el gran doblador, que no Bender), de Fernando Fernán Gómez (de este señor habría de ser patentado todo...) e, incluso, la voz del señor que habla en esos documentales de la 2, que todos dicen que son muy buenos pero que casi nadie ve o, a lo sumo, para agarrar el sueñecito siestero.
Ya instalados en un terreno puramente doméstico, yo patentaría el gritito que emite mi mujer...
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No penséis mal. El gritito que emite mi mujer cuando los niños derraman algo o se hallan ante una potencial amenaza: corto, agudo, hacia adentro, monovocálico en A, cortado, sorprendido y sorprendente.
Yo, que me jacto de mi capacidad imitatoria, nunca logré ni siquiera acercarme a sus matices.
Y es que el grito de una madre cuando ve en peligro a su prole es intimidatorio, alarmístico, heridor...
Incluso para los propios cachorros, que se apartan, asustados, por lo que se les pudiera venir encima: milagros de la genética que transmite de padres (de madres) a hijos toda esa carga atávica, cerval.
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